Pidamos al Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. (GE 177)

Busquen siempre a Dios!

La vida de la bienaventurada Teresa grita calladamente desde el claustro: ¡Sólo Dios basta!